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Desarrollar buenos hábitos alimenticios es esencial para que las comidas produzcan los beneficios esperados en nuestro cuerpo. Esto no sólo se relaciona con preparar bien o elegir adecuadamente los alimentos que ingerimos, sino con darnos el tiempo, el espacio y el gusto de disfrutar las comidas cada día.

El cambiar de hábitos no siempre resulta unatarea fácil, ya que nos hemos acostumbrado a comer comida rápida fuera de casa o dentro de ella. Pero, cabe destacar que los beneficios de alimentarnos de forma adecuada son muchos y, sin duda, es posible notarlos en toda nuestra actividad diaria.

Los buenos hábitos alimenticios nos ayudan a:

  • Disminuir los niveles de estrés: Nos sentiremos dueños de las decisiones relacionadas con lo que elegimos para comer, aumentaremos la autoestima y disfrutaremos de los beneficios de los alimentos adecuados.
  • Comer con moderación: Comer en exceso lleva a la obesidad y es un hábito autodestructivo. La moderación es el antídoto para una acción que puede llegar a ser compulsiva.
  • Perder peso y mantenerlo en el tiempo: Esto es un logro que muchos quisieran y que vale la pena intentar.
  • Evitar los cambios de humor: Ellos se producen cuando se ha comido compulsivamente. Debemos tener especial cuidado con los alimentos de alto índice glicémico (que aumentan bruscamente la glucosa sanguínea), ya que producen una descarga de insulina posterior, llevando de la euforia momentánea a una sensación de aletargamiento posterior.
  • Vencer la adicción a la comida: Así controlaremos mejor cuánta comida ingerimos. Se trata de comer con hambre (necesidad de comida) y no comer con apetito descontrolado, que equivale a deseo de comida por causas emocionales.

Una Buena Dieta Diaria.

Si comes en casa, en restaurantes o pides comida a domicilio, es posible llevar una dieta balanceada y sana. Sólo es suficiente un poco de control y cuidado en la elección de los menús. Aprender a consumir alimentos variados y elegir alimentos más saludables (con poca grasa), no nos demanda más tiempo. Aquí te mostramos cómo:

1. Desayuno:

Es importante comenzar el día con un buen desayuno, pero la calidad del mismo depende de las raciones que decidamos consumir de cereales, lácteos y frutas para mantener a lo largo de la mañana un mejor perfil nutricional. Un desayuno con alto contenido graso, pocas proteínas y fibras, se asocia con mayor sensación de hambre y fatiga a las pocas horas de haberlo consumido.

2. Almuerzo:

En el almuerzo podemos variar más las opciones. Para la entrada o primer plato puedes escoger:

En verano una abundante ensalada de hojas verdes. Puedes agregarle tomate, zanahoria, pepino, repollo blanco o morado etc.
En invierno, una sopa de verduras desgrasada.
Podemos optar por una porción de 120 gramos de carne roja o blanca, o 200 gramos de pescado.
Cocínalas a la parrilla o al horno de preferencia.
Las verduras al vapor también puede ser una buena alternativa para completar el menú.

3. Postre:

El postre más recomendado es la fruta, que puede ser preparada como ensalada o tuti fruti. Evita consumirla cuando contengan algún componente graso como crema o dulce, aunque no está mal darte un gusto de vez en cuando con tu postre favorito.

Fuente: hospitaldeltrabajador.cl